Martes 10 de julio de 2012.– Cuando el Presidente de la FIFA Joseph S. Blatter anunció que la XIX edición de la Copa Mundial de la FIFA™ se disputaría en Sudáfrica, se desató la alegría por todo África. Sin embargo, otro pionero del fútbol ya había logrado, en 1977, que un torneo de la FIFA se celebrase por vez primera en dicho continente...
Harry Cavan, que se refería con cariño a Blatter como su “protegido”, abogaba por el desarrollo del fútbol base y por otorgar el derecho a organizar competiciones en países que no fuesen ni europeos ni sudamericanos. Esa idea lo llevó a crear el Campeonato Mundial Juvenil de la FIFA, una competición que hoy en día se conoce como Copa Mundial Sub-20 de la FIFA y que tuvo lugar por primera vez en Túnez.
El campeonato no defraudó ni a Cavan ni a la afición local. Parte del atractivo de aquel primer certamen radicó en las distintas sorpresas que se produjeron. Dos de las más sonadas se dieron en semifinales, donde México y la Unión Soviética superaron a Brasil y Uruguay, respectivamente, desde el punto fatídico. Dos de las grandes potencias sudamericanas quedaron eliminadas y se vivió una final que nadie había previsto.
La gloria desde los 12 pasos
Precisamente este martes se cumplen 35 años desde que se dieron cita más de 22.000 espectadores en el estadio El Menzah de Rades para presenciar una final apasionante. Tras una primera parte repleta de acción pero sin goles, al comienzo del segundo tiempo hubo tres dianas en diez minutos. Fernando Garduño adelantó a México, el lateral derecho Vladimir Bessonov logró el empate y Agustín Manzo devolvió la ventaja al Tri.
Cuando todo apuntaba a que el partido se saldaría con ese 2-1, Bessonov volvió a abandonar sus labores defensivas para sumarse al ataque y anotar el 2-2 en el último suspiro. Por primera y única vez, todas las eliminatorias de una competición de la FIFA se decidieron desde el punto penal (aunque jugaron 16 equipos en total, sólo los primeros de cada grupo pasaron directamente a semifinales).
Justo antes de que el árbitro decretara el final, el seleccionador de la Unión Soviética, Serguel Massiaguine, se jugó la carta que le daría el triunfo. Yuri Sivuha, un especialista en detener penas máximas, sustituyó a Aleksandre Novikov entre los palos. El cambio, que ya le había salido bien en semifinales, volvió a funcionar y la futura estrella del Metalist Kharkiv realizó dos fantásticas paradas que permitieron a los soviéticos imponerse por 9-8. Fue el colofón perfecto para una competición emocionantísima, que sirvió para afianzar la presencia del Campeonato Mundial Juvenil de la FIFA en el calendario futbolístico y para demostrar las aptitudes del continente africano como anfitrión.
Bessenov recibió merecidamente el premio al mejor jugador del torneo de Túnez 1977, mientras que sus compañeros de selección Andrey Bal, Sergei Baltacha y Vagiz Khidiyatullin se cuentan entre los innumerables participantes de aquel certamen juvenil que llegaron a disputar la Copa Mundial de la FIFA. Todos aquellos futbolistas, junto con el fútbol base en general y la propia África, están en deuda con Cavan.
*Con información de la FIFA



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