El renacer de Trezeguet

Sábado 7 de julio de 2012.– El 26 de junio de 2011, un típico domingo invernal en Buenos Aires, los aficionados de River Plate asistieron a la concreción del peor de sus temores: el conjunto Millonario, el más ganador del fútbol local, apenas igualaba 1-1 ante el humilde Belgrano de Córdoba y sentenciaba su primer descenso a la segunda división en 110 años de historia.
Lo que pocos saben fuera de Argentina es que, infiltrado en las gradas de un Monumental vestido de luto, se encontraba nada menos que David Trezeguet. El francés, con su perfil bajo habitual, sufría como un hincha más junto a su tío y amigos mientras veía al equipo de sus amores ser absorbido por el agujero negro del descenso.
Eran días difíciles para el cuarto goleador histórico de Juventus: tras descender con el Hércules español, buscaba reencontrarse como futbolista en algún mercado innovador. Faltaban semanas para que el Baniyas SC de Emiratos Árabes Unidos se erigiera, sin saberlo aún, en una escala fallida previa a su renacimiento.

Vacío y resurrección

Trezeguet no es un jugador del montón. Y en Medio Oriente, donde muchas estrellas van a buscar sus últimos años de tranquilidad y seguridad económica, tocó fondo y despegó en busca de la superficie. “Me encontré con un nivel más bajo del que esperaba. El último partido, por ejemplo, lo jugué con 100 personas en las tribunas. Había perdido la alegría”, reconocía quien, en una gestión relámpago ideada por su tío Tomás -principal sostén de su mundo futbolístico-, encontró la forma de rescindir su contrato y ofrecerse a River Plate de cara a la segunda mitad del Torneo Nacional B.
La directiva Millonaria aceptó de inmediato, sin imaginarse los pedidos del francés a la hora de firmar su vínculo: quería que lo dejaran pisar el campo de juego junto a sus amigos. “No entendían nada, pensaban que les iba a pedir una camiseta o algo así, pero lo que quería era entrar a la que iba a ser mi nueva casa. Fue muy emocionante, aunque nada comparado a lo que fue verlo repleto”, agregaría luego quien, empujado por su ambición deportiva, dejó a su mujer y dos hijos en Europa (“ellos entienden, son mis últimos tres años como futbolista”, explicó).
La entrega de Trezeguet cautivó rápidamente al entrenador, Matías Almeyda, y a los aficionados de River, golpeados por el descenso y la negativa de varios ídolos en el exilio a retornar en la mala. Sus goles, decisivos, harían el resto y despejarían las dudas generadas por su pasado inmediato.

Trece gritos, Trezegol

“River con Trezeguet tiene ventaja, va a ascender. Es una maravilla, hace todo lo que tiene que hacer un 9. Cualquiera que quiera aprender cómo se juega de centro delantero, lo tiene que mirar a él”. La profecía, obra de Juan Román Riquelme -ídolo y capitán de Boca Juniors en ese entonces-, se cumplió el pasado 23 de junio: el Millonario sentenció su esperado regreso a primera en la última y sufrida jornada ante Almirante Brown, al que se impuso 2-0 con dos tantos de... Trezeguet.
“El primero tiene más importancia que el que le marqué a Italia en la final de la Eurocopa de 2000”, afirmó el campeón del mundo sin ponerse colorado. A lo largo de su campaña, que incluyó 1317 minutos en cancha en el Nacional B, anotó 13 tantos con dos particularidades: 12 fueron convertidos a un solo toque -sin necesidad de dominio previo- y apenas 3 sirvieron para coronar goleadas ya consumadas. Todos los demás, sin excepciones, resultaron decisivos para igualar o quebrar encuentros cerrados.
“Acá recuperé las ganas de vivir, de sentirme importante”, confiesa quien, tras el retiro confirmado de Juan Sebastián Verón, Gabriel Milito y la despedida de Juan Román Riquelme, se convertirá en uno de los principales referentes de la nueva temporada de Primera División de Argentina. Tuvieron que pasar 363 días de aquella fría y triste jornada del descenso en 2011. River y Trezeguet, en una relación simbiótica, resurgieron de sus cenizas.

*Con información de la FIFA

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