Viernes 24 de agosto de 2012.– Los dos sufridos empates en las primeras jornadas de la Copa Mundial Femenina Sub-20 de la FIFA han hecho sonar las alarmas en la selección brasileña. Al final del partido del último miércoles, en el 1-1 contra Nigeria que complicó sobremanera la situación de la Canarinha en el Grupo B, la cara de las jugadoras a la salida del estadio Komaba de Saitama era de preocupación. Una de ellas, sin embargo, tenía más motivos que las demás para estar insatisfecha.
Capitana y figura principal del equipo, Thais Guedes no traía en el rostro esa sonrisa suya tan característica. Traía, en cambio, un discurso de tono exigente, típico de quien sabe que puede rendir mucho más. "No puedo estar satisfecha con nada de lo que he hecho hasta ahora. Necesito mejorar mucho", aseveró la dorsal número 11 en su conversación con FIFA.com. "La selección tampoco mostró su mejor nivel. Falta algo, y los brasileños siempre queremos más. Necesitamos continuar entrenando para encontrarlo".
El autoanálisis era crítico pero no le faltaba fundamento. Al fin y al cabo, eran grandes las expectativas en torno a una jugadora que acababa de disputar como titular el Torneo Olímpico de Londres y que ya acumulaba experiencia suficiente para ser considerada como un nombre fijo en el combinado absoluto liderado por Marta. Fue gracias a la Jugadora del Año de la FIFA entre 2006 y 2010, además, como la fama en torno a Thais empezó a crecer.
Ya en 2009, la reina del fútbol fue una de las primeras voces en confesar su admiración por la entonces jugadora de 16 años, convirtiéndose de paso en una especie de "madre adoptiva" —según sus propias palabras— y de consejera para Thais en sus primeros pasos con el Santos y la selección. Fue uno de esos elogios que llenan de orgullo pero que, con el tiempo, terminan adquiriendo proporciones desmesuradas.
"Las comparaciones las hacen otros. Yo aún no soy nadie para hablar", replica al respecto Thais, actualmente jugadora del Vitória das Tabocas. "Marta es un mito. Ha sido elegida cinco veces mejor futbolista del mundo y aún no ha nacido nadie que le pueda hacer sombra. Yo sólo soy Thaisiña, pero algún día espero llegar a la altura de sus pies, ¿por qué no? Éste es un buen torneo para empezar".
Del escenario al césped
Uno de los aspectos que más llaman la atención de su currículo es sus pinitos en la danza. Enseguida se dio cuenta de que su extraordinaria técnica podría abrirle muchas puertas en el mundo del fútbol, y fue entonces cuando tomó una decisión importante que no hizo ninguna gracia a su madre. "Ella siempre quiso que yo fuera bailarina, así que yo empecé a ir a clase de baile desde los dos años", recuerda riendo. "Pero lo que yo siempre he querido ha sido jugar al fútbol. Volvía de la escuela o del ballet, e incluso estando cansada agarraba la pelota y me iba a la calle a jugar".
A los seis años, apoyada por su padre, pudo dar el gran paso. "Él siempre me veía con el balón en los pies y un día me llevó a una escuelita. Me puse a entrenar con los chavales y allí me quedé", explica. "Decidí dejar el ballet, pero estoy segura de que mis clases de baile me ayudaron bastante. Creo que la cadencia con la que juego hoy se la debo a eso", bromea Thais.
Ese cambio radical en su trayectoria se produjo a base de insistencia y de personalidad. Recurriendo a esas dos virtudes, Thais espera enderezar el rumbo de las suyas en la Copa Mundial Sub-20, empezando por el encuentro decisivo del domingo contra la República de Corea. Aunque aún no ha tenido ocasión de lucirse, su contribución en los saques de falta y en la dirección del juego en el campo se dejaron sentir contra las africanas y actuaron como incentivo para sus compañeras.
"Estamos evolucionando juntas. Hicimos un buen partido contra Nigeria, sobre todo en el segundo tiempo, y creamos muchas oportunidades. Las cosas están empezando a funcionar", indica. "Ahora tenemos una final, pero tengo la certeza de que, incluso ahí, vamos a jugar mejor".
*Con información de la FIFA



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