Una final al rojo vivo

Viernes 24 de agosto de 2012.– La final de la Copa de Campeones de la CONCACAF 1997 enfrentó a David contra Goliat. El Galaxy era el primer representante de Estados Unidos que llegaba tan lejos en la competición, antecesora de la Liga de Campeones de la CONCACAF, mientras que el Cruz Azul aspiraba a revalidar su título por segunda vez y convertirse en el club más laureado con cinco coronas. Cabe destacar que, desde 1962, año en el que se creó el certamen, ningún otro equipo había logrado defender sus laureles con éxito. Además, el último choque entre el gigante mexicano y un adversario estadounidense se había saldado con un insólito y apabullante 11-0 contra el Sounders de Seattle en la ronda final de la edición anterior.
Y sin embargo, aún no había pasado un cuarto de hora y la sorpresa parecía ya segura, dado que el luminoso del estadio RFK Memorial de Washington DC reflejaba un 2-0 a favor del conjunto angelino. El delantero ecuatoriano Eduardo Hurtado abrió el marcador con una preciosa jugada en solitario (8'). Una acción que hizo honor a su apodo, el Tanque, puesto que, para marcar el gol, tuvo que pugnar por el balón con tres contrincantes. El propio Hurtado dobló la renta de su equipo seis minutos después.
Con Jorge Campos bajo palos, imponente en su área a pesar de su reducida complexión, Paul Caligiuri y Greg Vanney sobresalientes en defensa, y el endiablado ritmo de Cobi Jones, que causó innumerables problemas a la zaga contraria, todo apuntaba a que los tapados de Octavio Zambrano iban a dar la campanada.
Pero el optimismo se esfumó al borde de la media hora, con tres goles de los Cementeros en seis minutos. El primero, obra de Benjamin Galindo desde el punto penal (30'). Johan Rodríguez firmó el segundo tras un soberbio pase de cabeza de Francisco Palencia (31'). Y el tercero, que puso por delante al Cruz Azul, salió de las botas de Héctor Adomaitis (36').
En busca de la remontada, el Galaxy puso a Campos en ataque en la segunda mitad, pero su sustituto en la portería, Kevin Hartman, vio cómo Carlos Hermosillo perforaba su meta por partida doble, en el minuto 62 y en el 66 (2-5).
Los estadounidenses se merecían un premio de consolación, y lo consiguieron gracias a un jugador que había comenzado el partido con los guantes puestos. Campos, con el dorsal número nueve a la espalda, se zafó hábilmente del arquero de la Máquina Azul, Oscar Pérez, su suplente en la selección nacional de México, y acortó distancias (3-5). Así quedaron las cosas hasta el pitido final.
El Galaxy dejó bien alto el pabellón del fútbol estadounidense, pero ese fue el día del Cruz Azul y de su legendario ariete, Hermosillo, quien consiguió alzar la tercera Copa de Campeones de la CONCACAF de su carrera. Una excelente manera de celebrar su 33 cumpleaños.

*Con información de la FIFA

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